Aparentemente sólo era un inocente kit para preparar tu propia pizza. Permanecía olvidado en el fondo del refrigerador hasta que, sutilmente llamó a mi estómago. Ajeno a lo que me esperaba me ofrecí contento para prepararle la cena a los niños- "¿Hacemos una pizza?". Ana Lucía tenía sueño y fue a acostarse. Mauricio nunca dice no.
Bien. Primer problema. ¿Dónde c... está el molde rectangular?... Bueno, No importa, lo haré en un molde de pastel -ahí ya perdí, y Kit ( como lo llamaré a partir de ahora) lo supo en ese preciso instante.
Una vez dispuesto el molde desenvolví cuidadosamente el rollo de masa, y por misterios incompresibles de la física, el papel protector que debe ir abajo quedó arriba (y sólo entonces me percaté de que este detalle no era un mero gesto de pulcritud del fabricante). Todavía creí el asunto en mis manos y pensé: "Nada más fácil, le doy la vuelta como a una tortilla de patatas y el papel irá abajo y la masa arriba". Todo ello sin contar con dos características básicas de la masa: su untuosidad y su maleabilidad. Así pues al iniciar el giro la masa comenzó a estrecharse por su parte central y a ensancharse por los extremos -a estas alturas comprendí que el papel, pese a ser necesario, me estorbaba-.
Una vez me deshice de él, procedí a comprobar que la longitud del cuerpo y de su futurible contenedor no eran la misma, merced a que al intentar acomodar la masa al molde la había estirado en demasía, produciendo cavidades en el centro y grandes volúmenes de pan en los extremos, a modo de pergamino comestible. A estas alturas el problema había tomado unas dimensiones que no había estimado en absoluto y decidí tomar una medida tajante que estuviera a la altura de las circunstancias: Beberme una cerveza. Hecho lo cual y con renovada energía, exenta por completo de destreza, abandoné mi primera opción y alojé el molde rectangular en el fregadero -que por cierto se mostraba repleto de platos, cucharas,vasijas, que había ido necesitando sin finalidad hasta ahora conocida-. Kit esbozó una sonrisa de satisfacción por una de las cavidades que yo había esculpido. Comprendí que la única solución posible era empezar todo de nuevo, pero como bien es sabido la cabezonería del hombre no se ha podido medir de manera tangible hasta ahora y empezar de nuevo no iba a suponer abrir otro kit . ¡A dónde íbamos a parar!. "Kit 1" debía ser comido. De manera que en un arrebato de lucidez lo hice bola, lo amasé con la precisión y la sabiduría de una monja de clausura y lo convertí en otra forma geométrica que no alcanzo a precisar. Dispuse un nuevo molde de pizza - esta vez redondo-, y minuciosamente esparcí la masa sobre él dando de nuevo vida a mi criatura. Tras unos minutos de cierta expectación y no pocos cambios de dimensiones, Kit casi llegó a lo que conocemos como redondo , aunque realmente el calificativo correcto sería oblongo, amorfo, pirenaico, en definitiva: Distinto.
Me planté delante del horno para ver como el tomate, la mozzarella, el salami y el jamón se apoderaban de su alma.
Una vez dispuesto el molde desenvolví cuidadosamente el rollo de masa, y por misterios incompresibles de la física, el papel protector que debe ir abajo quedó arriba (y sólo entonces me percaté de que este detalle no era un mero gesto de pulcritud del fabricante). Todavía creí el asunto en mis manos y pensé: "Nada más fácil, le doy la vuelta como a una tortilla de patatas y el papel irá abajo y la masa arriba". Todo ello sin contar con dos características básicas de la masa: su untuosidad y su maleabilidad. Así pues al iniciar el giro la masa comenzó a estrecharse por su parte central y a ensancharse por los extremos -a estas alturas comprendí que el papel, pese a ser necesario, me estorbaba-.
Una vez me deshice de él, procedí a comprobar que la longitud del cuerpo y de su futurible contenedor no eran la misma, merced a que al intentar acomodar la masa al molde la había estirado en demasía, produciendo cavidades en el centro y grandes volúmenes de pan en los extremos, a modo de pergamino comestible. A estas alturas el problema había tomado unas dimensiones que no había estimado en absoluto y decidí tomar una medida tajante que estuviera a la altura de las circunstancias: Beberme una cerveza. Hecho lo cual y con renovada energía, exenta por completo de destreza, abandoné mi primera opción y alojé el molde rectangular en el fregadero -que por cierto se mostraba repleto de platos, cucharas,vasijas, que había ido necesitando sin finalidad hasta ahora conocida-. Kit esbozó una sonrisa de satisfacción por una de las cavidades que yo había esculpido. Comprendí que la única solución posible era empezar todo de nuevo, pero como bien es sabido la cabezonería del hombre no se ha podido medir de manera tangible hasta ahora y empezar de nuevo no iba a suponer abrir otro kit . ¡A dónde íbamos a parar!. "Kit 1" debía ser comido. De manera que en un arrebato de lucidez lo hice bola, lo amasé con la precisión y la sabiduría de una monja de clausura y lo convertí en otra forma geométrica que no alcanzo a precisar. Dispuse un nuevo molde de pizza - esta vez redondo-, y minuciosamente esparcí la masa sobre él dando de nuevo vida a mi criatura. Tras unos minutos de cierta expectación y no pocos cambios de dimensiones, Kit casi llegó a lo que conocemos como redondo , aunque realmente el calificativo correcto sería oblongo, amorfo, pirenaico, en definitiva: Distinto.
Me planté delante del horno para ver como el tomate, la mozzarella, el salami y el jamón se apoderaban de su alma.
Y entonces fui yo quién sonrió.


14 comentarios:
Y tooooodo mientras Luisa saltando en la butaca le chiflaba a Alejandro Sanz. ¡Qué santo sos Juan!
Fernández,Ashi,Alejandro Fernández. Y hasta ahí es donde te equivocaste, amiga.
también con el Sanz salto de la butaca y chiflo, pa que lo sepan....
pppss
Llegó un momento dado en el que cierto número de cosas empezaron a acumularse en el hall a falta de residencia fija. La sentencia no tardó: "Hay que comprar un de esos galpones desarmables de jardín para guardar todo esto y ordenar tus herramientas". Ya vimos que "hay que" viene a ser "tenés que" y allí fuí.
En 4 cajas llenas de paneles de chapa, parantes, travesaños y millones de tornillos, tuercas y arandelas estaba la solución; puse manos a la obra.
Muchas cosas no resultaron como decía el prospecto: alcanzaron los tornillos, sobraron arandelas pero faltaron tuercas; una de las piezas de ensamble no tenía ubicación posible; en los puntos de ensamble de dos o más paneles los agujeros respectivos no coincidían.
Los días pasaban y el artefacto seguía siendo una masa informe. Cuando estuvo colocado el techo y faltaban las paredes, el escarnio no se hizo esperar "dejalo así que yo lo completo con cortinitas". Peor, más obstinado. Después de una semana terminé de armarlo, me paré frente a él y grité como Tarzán golpeándome el pecho con los puños.
Malditos kit, Juan, malditos kit.
Pablo, Luisa y yo hemos montado varios muebles juntos y de veras que es una prueba de fuego para cualquier pareja.En el papel de instrucciones ( bueno,casi siempre es una especie de jeroglífico indescifrable) salen dos monigotes-que son el número de personas que se necesitan para montarlo. Y finalmente deberían ponerlos estrangulándose el uno al otro ).Un buen detalle también podría ser adjuntar al kit impresos autocopiativos- uno para cada quién- de la demanda de divorcio.Y puestos a reparar los daños, al menos sortear una semana en un balneario.Eso,como mínimo
En casa estos menesteres son cosas de hombre. Para colocar el techo (el prospecto lo decía en negrita mayúscula) se necesitaban dos personas. Yo estaba solo con los chicos y convencí a Lolita para que me ayude empujando desde allá arriba el tornillo cuya tuerca tenía yo que ajustar desde el interior de la casilla. A ella le divirtió el asunto y le hice prometer que no le diría nada a su madre.
¿Qué creés que fué lo primero que hizo cuando la Tana llegó?
¿Y a quién creés que le importó una mierda que el coso estuviera finalmente terminado y se la pasó recriminándome por poner en riesgo la integridad psicofísica de la nena?
En ésta casa de Dios, ésos menesteres digamos que están repartidos, Juan es el Luchador Técnico y yo soy de las Rudas. Yo estoy en friega loca metiendo y apretando tornillos y Juan, con el papelito en la mano, asegurándose por quincuagésima nona vez si el mentado tornillo va efectivamente en ése agujero, ya voltea el papel, lo gira, gira su cabeza...piensa, piensa, piensa... Termino de poner todos los tornillos y me dice: mmmmhh,no,chiqui,creo que el panel está al revés, la vista "bonita" (léase lisa y pintada) debe de estar por la otra cara ¿ves?, TÚ la pusiste mal....
Mira, en ése momento TENGO que soltar el martillo porque si no Pablo PORQUE SI NO!!!!!!!!!!!
ayyyyy hombres
Me divirtió la imagen de los dos monigotes estrangulándose mutuamente. ¿Qué es de la vida de Juan?
Mujeres, nunca entienden. La diferencia entre un trabajo bien hecho y uno corriente, es el cuidado que se ponga en los detalles. Alguien tiene que leer el maldito prospecto.
Ahí,ahí...no es que tuviera dudas,Pablo,pero una vez íbamos Luisa y yo de viaje en el coche y se nos paró: tal cual.Ella se bajó, no sé donde leche tocó y me dijo:arranca. Y arrancó.Y ahí me dije: Juan, esta no se te escapa!
No puede ser, es que yo TENGO que verlos a ustedes dos en persona, es que ha de ser tremendo ¿no??
hablando, tonteando,filosofando,partiéndose de risa, poniéndose serios...PAGARÍA POR VERLOS!!!!
la anónima era yo..¿QUIEN MAS??
Una chica multitalentosa esta Luisa; falta ver qué bocaditos prepara para acompañar esas cervezas heladas que nos estamos debiendo beber juntos alguna vez.
Pablo,Luisa cocina como los ángeles y yo enfrío la cerveza bastante bién.Todo encaja.
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