viernes 10 de julio de 2009

La rocambolesca historia del split de aire acondicionado (I)

Así como la infancia de Heidi es eterna, en esta bendita tierra hay historias que nunca se acaban. Historias que parecían simples a primera vista y que, día tras día, se van complicando, aderezándose de circunstancias y figurantes con los que no se contaba en modo alguno. La penúltima de estas misiones imposibles ha sido comprar y lograr instalar un miserable split de aire acondicionado en casa. Superada la primera traba que yo mismo suelo autoinflingirme y que es la búsqueda minuciosa del mejor producto, al mejor precio y en las mejores condiciones post-venta- lo cual lleva su tiempo- y una vez conseguido que el instalador (esos seres míticos que disponen del tiempo del resto de los mortales) viniera a casa, todo se desencadenó. " Uuuuuhhh- me dijo- pues vas a tener que pedir permiso a la comunidad de vecinos del piso colindante para poner la unidad exterior". "Malo el cuento, MALO EL CUENTO, Juan"- me dije-; todo el mundo sabe que el oxígeno del que se nutren las vecindades consiste en impedir que los demás mejoren su calidad de vida, para así estar unidos en la miseria. Esto es un hecho ampliamente demostrado y no hay más. Así pues, tras ciertas indagaciones verifiqué que el presidente de la comunidad vivía- y ahora sé que malvive- en el 3º A. Llamé al portero y allí, en plena calle, mantengo la siguiente conversación con una mujer llena de miedos:
Yo: "Hola, soy el vecino del bloque de abajo y quiero instalar un aire acondicionado en el ático. Es para pedir permiso al presidente de la comunidad y acceder desde su terraza a la mía".
Mujer con miedo: "Mi marido no está y ya estamos hartos, hace mucho calor y no sé cuando va a volver. Venga en una hora"
Volví a la hora y le rogué si me podía abrir para que lo que yo sabía iba a ser un surrealista deja se mantuviera puertas adentro al menos. Subí y lo que parecía ser el ama de llaves de Edgar Allan Poe me dijo lo mismo que una hora antes, con el cerrojo y el ánimo medio echado. Desesperado subí directamente al 7º piso y llamé a la primera puerta que encontré. Un señor de avanzada edad con mostacho y una mujer agazapada diez metros y mil almas detrás me recibieron. Planteada la cuestión que nos ocupa, muy amablemente me dijo que " de eso el que se encarga no es el presidente de la comunidad, hombre, eso lo hace el administrador, que es el abogado que vive en el 2º D". Conseguí esta información no sin antes escuchar durante veinte interminables minutos los avatares de la vida de este simpático matrimonio. Supe que él duerme en la terraza en las noches de verano, que pinta platos como hobby, que su hijo estudió en la complutense de Madrid y que en unos días se iban a marchar a su casa de campo porque no aguantaban el calor (vaya, tenemos algo en común). Ahora deben estar ahí pintando platos. Me despedí de ellos y un optimismo tan irrefrenable como yermo me hizo pensar que me encontraba muy cerca de la solución de tan intrincado y peliagudo asunto. Pero una vez más el destino y yo hablábamos lenguas muy distintas.

viernes 8 de mayo de 2009

De Kampa Park a La Siberia hay un trecho

Todo el mundo recuerda con exactitud su velada perfecta. Esa en la que no cambiarías nada, esa que nunca querrías que acabara y que el tiempo mitifica aún más. La nuestra transcurrió en Kampa Park, un restaurante increíble en un lugar no menos mágico. Reservé desde Jaén- mi mujer se echa a temblar siempre que decidimos irnos de viaje, porque soy lo que se dice un coñazo. Preparo el viaje casi un mes antes, busco lugares interesantes, monumentos, restaurantes y todo el proceso me lleva semanas. Llevo al más vocacional de los cicerones dentro de mí y tanto es así que, pudiendo haber ido a cualquier otro lugar, nos fuimos de luna de miel a Praga-ciudad que ya conocía- sólo por darme el gustazo de SABER lo que Luisa no sabía aún y podérselo mostrar. Praga es un lugar mágico, una ciudad que en su día estuvo habitada por nigromantes, científicos que buscaban la piedra filosofal, magos, brujas y reyes locos. La isla de Kampa es un apéndice de la ciudad vieja donde se situa el restaurante homónimo.
La entrada está plagada de fotos de personalidades que han comido alguna vez allí- Phil Collins, Eric Clapton, Paul Auster, Brad Pitt- e incluso políticos. Y allí nos plantamos Luisa y yo. Es difícil dar con el punto de atender personalmente una mesa sin llegar a ser una molestia para los comensales, ni demasiado simpático, ni muy distante, ni asfixiante. Mesa, comida, lugar y servicio fueron un 10. La factura también-era inevitable, porque además nos "dejamos caer". El agasajo duró casi tres horas, que guardamos en la memoria como la más memorable de las cenas.

Enero de 2004. Monterrey. Después de haber dejado mi trabajo en España y tomado la decisión de quedarme a vivir en México, malvivíamos muy, muy felices. Eso sí, el dinero llegaba a cuentagotas y el señor visa fue nuestro amigo hasta que se le cabó el amor. Íbamos en camión a todas partes y volvíamos a casa exánimes, cansados y hastiados, pero ¡felices!. La burocracia en España es odiosa, pero en México desestabilizante. Eran las 2 de la tarde y llevaríamos desde las 7 de la mañana dando tumbos por ahí. Yo no tenía trabajo y digámoslo así, había sido declarado "en rebeldía" en casa de mis padres. Exhaustos y hambrientos paramos a comer en un changarro de comidas que llaman "La Siberia", que goza de bastante fama por allá. Sitio muy, muy sencillo, muy humilde, donde hasta el aire es grasiento. Pedimos sopa de pollo. Lo que nos trajeron fue renombrado allí mismo como "sopa de cádaver de pollo". Nos miramos y supimos que habíamos tocado fondo. Nos quedaba lo justo para el camión de regreso a casa, mi ilusión de prófugo del pasado y la certeza de que saldríamos adelante.

Pregunta: ¿Cuáles fueron vuestra mejor y peor velada?

viernes 24 de abril de 2009

Silogismos

Sin duda el mejor silogismo que he leído nunca es el que paso a postear. Me topé con él hace un par de años y me había olvidado. Esta mañana me ha venido a la cabeza de nuevo y no me resisto a ponerlo. A mi modo de ver explica muchas más cosas de las que aparenta.
1. Imagínate un pedazo de queso suizo, de aquellos bién llenos de agujeros.
2. Cuanto más queso, más agujeros.
3. Cada agujero ocupa el lugar en el que habría queso.
4. Así, cuanto más agujeros, menos queso.
5. Cuanto más queso, más agujeros y cuantos más agujeros menos queso.
6. Conclusión: Cuanto más queso menos queso.