Una de las mejores canciones de los Beatles es "Nowhere man". La canción habla sobre un hombre de ningún lado, sentado en su tierra de ningún lado, que hace planes para nadie; y luego se escucha: "¿No es un poco como tú y como yo?". Hablando sobre la canción John Lennon dijo que, en principio, la letra sólo decía: "¿No es un poco como tú?", y que no terminaba de sonarle bién. Sentía como si estuviese juzgando al oyente, y entonces se añadió en su propio interrogante. Esta tontería le da un giro de 180º a la letra y convierte al que la canta en colaborador necesario del sentimiento del que la escucha, situándolos en un mismo plano de la historia. Años más tade hizo dos versiones de "Revolution" -una de sus canciones más célebres-En la primera cantaba:"Cuando hables de destrucción sabes que puedes contarme fuera". Eso ya quedó grabado y así se puede oir; no contento, rehizo la canción y en la versión del Álbum Blanco dice: "Cuando hables de destrucción puedes contarme fuera, dentro ".Estos pequeños detalles nos revelan a un artista, aparte de cargado de contradicciones -como cualquier ser humano que se precie- a alguien incapaz de juzgar a sus oyentes. Cuando los Beatles se separaron y la histeria colectiva se apoderó de sus fans Lennon volvió a simplificar: "No pasa nada, sólo somos un jodido grupo de rock que se separa". Sano ejercício el suyo. Lamentablemente hay demasiados casos de artistas que hacen de la retroalimentación un acto individual y, presos de un mesianismo insoportable, se dedican a dar el coñazo al común de los mortales. Debe ser la edad- ¡ qué se yo!- pero no comprendo como un gigante de las letras como Camilo José Cela fuera por el mundo dedicándose a decir -lo-que-hay-que-hacer- y -lo-que-no. Oiga, usted escribía muy bién, pero que muy bién; ¿No era bastante?. No digamos ya si el prócer del arte aparte de sermonearnos hace mal su trabajo -léase (bueno, no me lo tomen literal) Fernando Sánchez-Dragó o Javier Marías, por nombrar a dos petardos de aquí te espero, que han de pensar que para ser considerado un buen escritor hay que ver el mundo y a sus habitantes desde un pedestal. Hoy ya no hago como antes que leía los libros, me gustasen o no, hasta el final. Hay demasido donde elegir. Les concedo tres páginas. Si no me gusta lo dejo. Y cada vez me gusta y valoro más el entretenimiento puro y duro, la acción bién lograda, el humor fino y agudo, y rechazo al artista engreído, al vendedor de profundidades vacuas y al pedante mesiánico. ¡He dichi!