viernes 8 de mayo de 2009

De Kampa Park a La Siberia hay un trecho

Todo el mundo recuerda con exactitud su velada perfecta. Esa en la que no cambiarías nada, esa que nunca querrías que acabara y que el tiempo mitifica aún más. La nuestra transcurrió en Kampa Park, un restaurante increíble en un lugar no menos mágico. Reservé desde Jaén- mi mujer se echa a temblar siempre que decidimos irnos de viaje, porque soy lo que se dice un coñazo. Preparo el viaje casi un mes antes, busco lugares interesantes, monumentos, restaurantes y todo el proceso me lleva semanas. Llevo al más vocacional de los cicerones dentro de mí y tanto es así que, pudiendo haber ido a cualquier otro lugar, nos fuimos de luna de miel a Praga-ciudad que ya conocía- sólo por darme el gustazo de SABER lo que Luisa no sabía aún y podérselo mostrar. Praga es un lugar mágico, una ciudad que en su día estuvo habitada por nigromantes, científicos que buscaban la piedra filosofal, magos, brujas y reyes locos. La isla de Kampa es un apéndice de la ciudad vieja donde se situa el restaurante homónimo.
La entrada está plagada de fotos de personalidades que han comido alguna vez allí- Phil Collins, Eric Clapton, Paul Auster, Brad Pitt- e incluso políticos. Y allí nos plantamos Luisa y yo. Es difícil dar con el punto de atender personalmente una mesa sin llegar a ser una molestia para los comensales, ni demasiado simpático, ni muy distante, ni asfixiante. Mesa, comida, lugar y servicio fueron un 10. La factura también-era inevitable, porque además nos "dejamos caer". El agasajo duró casi tres horas, que guardamos en la memoria como la más memorable de las cenas.

Enero de 2004. Monterrey. Después de haber dejado mi trabajo en España y tomado la decisión de quedarme a vivir en México, malvivíamos muy, muy felices. Eso sí, el dinero llegaba a cuentagotas y el señor visa fue nuestro amigo hasta que se le cabó el amor. Íbamos en camión a todas partes y volvíamos a casa exánimes, cansados y hastiados, pero ¡felices!. La burocracia en España es odiosa, pero en México desestabilizante. Eran las 2 de la tarde y llevaríamos desde las 7 de la mañana dando tumbos por ahí. Yo no tenía trabajo y digámoslo así, había sido declarado "en rebeldía" en casa de mis padres. Exhaustos y hambrientos paramos a comer en un changarro de comidas que llaman "La Siberia", que goza de bastante fama por allá. Sitio muy, muy sencillo, muy humilde, donde hasta el aire es grasiento. Pedimos sopa de pollo. Lo que nos trajeron fue renombrado allí mismo como "sopa de cádaver de pollo". Nos miramos y supimos que habíamos tocado fondo. Nos quedaba lo justo para el camión de regreso a casa, mi ilusión de prófugo del pasado y la certeza de que saldríamos adelante.

Pregunta: ¿Cuáles fueron vuestra mejor y peor velada?